Preparación de Soportes con Gesso Tradicional.

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Poul Carbajal
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Preparación de Soportes con Gesso Tradicional.

Mensaje por Poul Carbajal » Jue Dic 20, 2018 10:16 am

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Atendiendo a algunas peticiones de algunos Usuarios, les detallo a continuación el método empleado por mí en la preparación de bases con Gesso Tradicional (actualmente utilizado en contadas ocasiones), tanto para lienzos como para tablas así como unas consideraciones generales al respecto:

Procedimiento

Se echan 75 gramos de cola de conejo en un bote, lata recipiente esmaltado, con 900 cc. de agua fría. Si la cola viene en hojas habrá que partirla primero en fragmentos pequeños; envolviéndola en un trapo se evita que se pierdan migajas. Al mismo tiempo, se pueden tener unos cuantos trozos de cola en remojo en un recipiente aparte, para tenerlas disponibles en caso de que haya que añadir más cola a la preparación. Se deja la cola en remojo durante una noche, para que absorba agua con lo cual se hinchará hasta el triple de su volumen seco; si el recipiente es poco profundo, algunos fragmentos de cola pueden no estar totalmente cubiertos por el agua; si es demasiado estrecho, la cola puede quedar apretada, de modo que los fragmentos se peguen entre si, impidiendo que algunas partes se hinchen del todo. En estos casos, las piezas en cuestión se reconocen por su color pardo-amarillento y por su consistencia fina y dura, en lugar de la apariencia blanda, hinchada y grisácea del resto de la cola. Estos fragmentos no pueden usarse así, y hay que separarlos, meterlos en agua y dejar que se empapen bien hasta que se hayan hinchado convenientemente. El color de la cola puede variar, según la marca o variedad empleada, pero en todos los casos hay que tomar las mismas precauciones e inspeccionar la cola hinchada antes de continuar con el proceso. La cola de conejo americana, es aproximadamente igual de fuerte que la variedad francesa, y se utiliza en las mismas proporciones; las mejores colas de piel de ternero son más fuertes, y se usan en menor cantidad, como demuestran las pruebas comparativas.

Fusión de la cola

A continuación, se calienta el recipiente de agua con cola, hasta que se disuelva. Nunca se debe dejar que la cola hierva, especialmente cuando se va a emplear en una composición tan cuidadosamente equilibrada como el Gesso. Para asegurarse de esto, se calienta el recipiente al baño maría, aunque es perfectamente correcto calentarlo directamente en un hornillo eléctrico o de gas, cubierto por una plancha metálica, siempre que se vigile cuidadosamente, agitando de vez en cuando para que la cola no se pegue al recipiente y sin dejar que hierva.
Este último método lo emplean las personas que sólo preparan cola ocasionalmente; en los talleres donde se prepara cola continuamente se usan hornillos eléctricos especiales. Se puede obtener una proporción más exacta de agua y cola remojando 60 gramos de cola en 750 cc. de agua, calentándolo, vertiéndolo en un recipiente de un litro y añadiendo agua caliente hasta completar 900 cc., con lo cual se eliminan los errores debidos a la evaporación de agua durante el remojo.

El método tradicional para probar la fuerza de la cola es dejarla enfriar a la temperatura ambiente, con lo que debe adoptar la forma de una gelatina firme pero no dura. Se aprieta hacia abajo con el pulgar y el índice, separándolos al mismo tiempo para «abrir» la cola. Según la resistencia que ofrezca y la naturaleza de la fisura, se puede apreciar con bastante exactitud la fuerza de la cola. Las paredes laterales de la grieta deben ser rugosas o granulares; si son lisas es que la cola es demasiado fuerte.

Aunque este método empírico parece que hay que aprenderlo por instrucción directa, en realidad es tan concreto que se puede aprender por cuenta propia. Haciendo esta prueba, analizando el Gesso resultante, y comparándolo con otras muestras, el artista aprende muy pronto cuál es la mejor consistencia de la cola para preparar un Gesso que tenga las propiedades deseadas.

Ni siquiera en los laboratorios químicos de las fábricas existen procedimientos rigurosamente establecidos para probar las soluciones de cola, y cada uno tiene sus propios métodos y sistemas de medidas, expresando los resultados con diversas designaciones numéricas. La prueba que le he descrito se sigue usando y considerando como la más satisfactoria. Los técnicos de los laboratorios aprietan la superficie de las muestras de cola con el cuarto dedo de la mano izquierda (que al parecer es más sensible) y definen los grados según su propia experiencia y criterio.

Un modo de controlar la fuerza de las colas con un aparato sencillo y económico es usando un hidrómetro; existe un modelo fabricado expresamente para este uso. Este hidrómetro para cola está graduado de 1 a 12 grados Baumé, y calibrado para usarse a 65,5° C. Se necesitan un cilindro de vidrio de unos 250 ml. de capacidad y un termómetro. La solución de cola se vierte en el cilindro a 65,5° de temperatura y se sumerge en ella el hidrómetro. La lectura es muy fácil; sin embargo, la fuerza de la cola es un factor más significativo que su viscosidad.

Si la solución está demasiado diluida, se añaden algunos fragmentos de los que se tenían aparte en remojo; si está demasiado concentrada, se añade agua caliente. Se puede hacer una rápida comprobación mezclando un poco de la solución de cola con blanco de España o creta y aplicándola con brocha a un trozo de madera o táblex; el secado se puede acelerar calentándolo, si se desea. Después se frota un poco con lija del núm. 2/0, para comprobar la dureza o blandura del Gesso resultante. Si el papel de lija penetra en el Gesso muy fácilmente, es que el Gesso es demasiado blando; si resulta difícil de lijarlo, es demasiado duro.

Una vez obtenida una solución correcta, se calienta lo más que se pueda sin que llegue a hervir, y se va echando poco a poco en un recipiente que contenga la creta o el blanco de España, agitando constantemente la mezcla para producir una pasta. Se puede filtrar la mezcla con un tamiz o trapo de algodón, para deshacer los grumos y eliminar impurezas.

El pigmento

Cennini recomendaba utilizar yeso de París apagado, pero este material ha sido sustituido por la creta y el blanco de España, las ventajas técnicas del blanco de España sobre el yeso son su mayor opacidad, finura y uniformidad de grano, su insolubilidad en agua y su mayor volumen, que es una cualidad muy apreciada en todos los usos relacionados con la pintura. La creta precipitada artificial es más limpia, más pura, más uniforme y, generalmente, más blanca.

No parecen existir objeciones de carácter químico o estructural al empleo de sílice, barita, blanco fijo o carbonato de magnesio, que se pueden añadir si se desea, aunque la textura tradicional es la que producen el blanco de España o la creta precipitada.

El talco, la mica y el asbesto son sustancias de dudosa estabilidad en el Gesso, y más vale prescindir de ellas. Los pigmentos blancos opacos o pesados, que tienen más poder cubriente que la creta y otros pigmentos inertes, como el óxido de zinc, el litopón y el óxido de titanio, no existían en los primeros tiempos de la pintura al temple y al óleo, y en general no son necesarios; si se añaden en cantidades apreciables a las fórmulas para preparar Gesso, alterarán la textura y la resistencia estructural del mismo. Sin embargo, si que conviene añadir una pequeña cantidad de pigmento opaco —por ejemplo, sustituyendo del 1 al 10 por ciento del blanco de España por óxido de zinc o de titanio—, ya que así aumentará considerablemente el poder cubriente del Gesso, enmascarando mejor las impurezas (motas negras, partículas de polvo, astillas de madera, etc.).

La creta, el blanco de España, el yeso de París apagado, y algunos otros pigmentos inertes se mezclan con aglutinantes acuosos para preparar mezclas uniformemente dispersas, que tienen las propiedades estructurales adecuadas sin necesidad de moler concienzudamente, como hay que hacer con las bases al óleo. Los pigmentos opacos más pesados no se dispersan muy bien por sí mismos en las soluciones acuosas, pero se pueden usar si están mezclados con suficiente creta. Hay que amasarlos con parte del Gesso hasta formar una pasta antes de añadirlos al cuerpo principal.

Gesso de caseína

Muchos pintores prefieren usar caseína en vez de cola, como aglutinante para la preparación de bases de Gesso. Su principal ventaja es que se puede aplicar a la temperatura normal del ambiente, evitando así los problemas que surgen al tratar de controlar las sucesivas capas del Gesso de cola. El Gesso de caseína se puede aplicar rociándolo con una pistola de la marca Iwata, procedimiento muy práctico cuando hay que cubrir superficies muy grandes o cuando la producción es continua. Para este propósito, se añade a la fórmula una gran cantidad de agua; los tableros fenólicos se colocan en posición horizontal y la pistola debe tener la potencia suficiente para manejar adecuadamente el material, produciendo una rociada en abanico, de flujo continuo y uniforme.

Al aplicarlo, el Gesso de caseína debe tener la misma consistencia que se recomienda para el Gesso de cola, aunque también se puede usar más rebajado, si se desea. La aplicación con pincel o brocha es algo más fácil, especialmente en las últimas capas, ya que se pueden seguir dando brochazos durante bastante tiempo, antes de que el material se endurezca.
Por lo demás, deben seguirse las mismas instrucciones que para el gesso de cola.

La caseína tiene mucho en común con la cola: el carecer de una fórmula concreta, su carácter no uniforme, la falta de conocimientos químicos bien establecidos al respecto, y la no existencia de métodos satisfactorios para probarla. Pero en todos estos aspectos es siempre algo mejor que la cola.

A pesar de que la caseína es un material totalmente aprobado, y que se ha usado de una u otra forma desde los tiempos más antiguos, la mayoría de los pintores consideran que el gesso de caseína es inferior en calidad al Gesso de cola. Esta actitud es especialmente acusada en los artistas que tienden al perfeccionismo en máximo grado, los cuales aseguran que la calidad de la superficie del Gesso de caseína, el comportamiento del temple al aplicarlo sobre él, y la respuesta a las manifestaciones del pintor, son siempre inferiores en comparación con las características correspondientes del Gesso de cola. Además, el Gesso de caseína es más quebradizo.

La caseína es más fácil de formular que la cola, y las recetas para preparar Gesso con ella se basan en porcentajes de caseína y pigmento, dejando que la cantidad de agua varíe lo necesario para producir la consistencia deseada. Para aglutinar medio kilo de creta precipitada se necesitan unos 30 gramos de caseína.

APLICACIÓN DEL GESSO

El Gesso original italiano, tal como lo describían Cennini y otros autores posteriores, se podía preparar con dos texturas diferentes: el Gesso grosso y el Gesso fino. El Gesso fino, se aplicaba en capas finas sobre una capa gruesa de Gesso grosso, después de que ésta se endureciera por completo (el Gesso grosso consistía en yeso de París sin apagar, mezclado con una solución de cola de pergaminos); eso se acomodaba a la regla de la gradación de capas.

Generalmente, los pintores modernos consideran este procedimiento como un refinamiento innecesario; en realidad, el texto de Cennini suele interpretarse en el sentido de que el Gesso grosso sólo se utilizaba en estructuras pesadas, ornamentadas y con tallas elaboradas, donde se necesitaba mayor resistencia, mientras que para imprimar tablas planas y sencillas bastaba con el Gesso fino.

Cennini y otros autores antiguos recomendaban ocasionalmente pegar tiras de lino a la tabla antes de aplicar el Gesso grosso. Muchos pintores modernos han cubierto la tabla por completo con una pieza de muselina empapada en cola, aplicando cola también a la tabla, extendiendo la tela sobre la madera y clavándola a los bordes mientras se secaba. El objeto de esta operación es aislar el gesso de la madera, de modo que si ésta se agrieta, el Gesso no resulte afectado. Los resultados no parecen justificar el esfuerzo; las pequeñas grietas que se producen en la madera tienden a transmitirse al Gesso a pesar de estas precauciones. Si se quiere usar tela, es mejor emplear una pieza de lino, de tejido abierto, pegada cuidadosamente a la tabla con una cola fuerte. No obstante, la tela añade un elemento más a la anatomía del cuadro, lo cual significa riesgos adicionales, al aumentar el número de puntos en los que se pueden producir fallos; la capa adicional, de flexibilidad variable, puede provocar problemas de envejecimiento prematuro. Pero cuando un restaurador tiene que reparar una tabla muy vieja y estropeada, la presencia de un respaldo de tela es una gran ventaja.

Antes de aplicar el Gesso a una tabla de madera, se le da a la superficie una buena capa de cola y, si es necesario, se lija para eliminar fibras sueltas e irregularidades. Después se friega bien con algún disolvente volátil, o mezcla de disolventes, incluyendo amoniaco; una buena mezcla es: dos partes de alcohol desnaturalizado y una parte de agua amoniacal. Una vez que se haya evaporado por completo, la superficie repelente se habrá transformado en receptiva a la base. Si se duda del resultado y se desea estar bien seguro, se puede lijar la superficie. Los fabricantes explican la no absorbencia de la superficie por acumulación de resinas y lignina naturales, que forman una fina capa sobre la superficie. Se puede probar la adherencia del Gesso cubriendo un pequeño fragmento y, cuando el Gesso se haya endurecido, tratando de desprenderle. Si se desprende fácilmente de la superficie, es que la adherencia era insuficiente; si arranca fibras del soporte, es satisfactoria. Al fregar la superficie con disolventes, se observa el color marrón de las fibras de madera; algunos pintores temen que este color penetre en la base, pero esto nunca ocurre; la coloración marrón está en forma de pequeñas partículas, y es insoluble.

Si se aplica Gesso, en capas iguales, a ambas caras de un tablero fenólico, existirán pocas posibilidades de que éste se arquee u ondule por desigualdades de tensión. Algunos pintores preparan de este modo los tableros, y prescinden de reforzar el dorso con listones de madera, especialmente cuando las tablas son pequeñas, limitándose a proteger los bordes con finas tiras de cromo o cobre.

Si el Gesso se ha preparado con cola de pieles hay que mantener caliente la mezcla durante toda la aplicación, pero sin que en ningún momento llegue a hervir. Naturalmente, al estar calentando de manera continua durante horas, algo del agua se evaporará, y habrá que añadir más agua de vez en cuando, según la experiencia y criterio del artista. El Gesso de caseína tiene ventaja en este aspecto, ya que se puede aplicar a la temperatura ambiente. En ambos casos hay que agitar constantemente para que la creta no se sedimente en el fondo. Para aplicarlo bien, el Gesso debe tener la consistencia de crema fina.

La primera capa se puede aplicar muy caliente, con una brocha dura o un trapo, pero el mejor método es aplicarla con brocha e inmediatamente repasarla ligeramente con los dedos, moviéndolos hacia atrás y hacia delante, en busca de burbujas de aire. Las irregularidades no tienen importancia, ya que esta primera capa es fina y quedará totalmente oculta por la siguiente. Lo que interesa es producir un revestimiento uniforme y bastante liso, libre de burbujas de aire. Las sucesivas capas se aplican en cuanto la superficie esté lo suficientemente seca para resistir la aplicación sin que la brocha levante la capa anterior. La primera capa se seca en pocos minutos, pero cada una de las siguientes necesitará más tiempo; las últimas tienden a secarse en media o una hora, por lo tanto, lo mejor es empezar a trabajar temprano (se pueden ir preparando al mismo tiempo media docena de tablas de tamaño medio); no es que no se pueda interrumpir el trabajo hasta el día siguiente, pero es más fácil obtener capas uniformes cuando se completa la tarea en un día.

La segunda capa (que en realidad es la primera capa sustancial) se aplica en brochazos paralelos a los lados del tablero, empezando por un borde hasta cubrir toda la superficie; al principio se pueden usar brochazos hacia delante y hacia atrás para distribuir uniformemente el Gesso, pero luego hay que nivelarlo con brochazos en una sola dirección. En cuanto el Gesso deja de ser fluido y comienza a endurecerse y la brocha se atasca, hay que parar y aplicar Gesso fresco en la zona adyacente. La tercera capa se aplica con brochazos perpendiculares a los de la segunda, paralelos a los otros dos lados de la tabla; la cuarta capa, perpendicular a la tercera, y así sucesivamente. No existen reglas fijas sobre el número de capas, pero hay que ir acumulando un revestimiento de espesor suficiente para poder luego lijar todas las marcas de brocha en la superficie final, dejando aún una capa uniforme y opaca de Gesso. Generalmente hacen falta cuatro capas, y no es raro que se apliquen cinco o seis; un pintor bastante experto puede obtener buenos resultados con sólo tres capas.

Lo mejor es usar una brocha plana y ancha para barniz, que resulta más útil, que una brocha con un gran espesor de cerdas, ya que deposita menos Gesso en los bordes de cada brochazo y queda menos distinción entre ellos. Recomiendo especialmente una brocha de cartelista, de 6 a 7,5 cm., de la mejor calidad posible. También se puede usar un pincel plano de cerda, si se encuentra uno lo suficientemente ancho. Algunos pintores prefieren emplear una buena brocha de encalar con cerdas largas, especialmente para cubrir superficies grandes con Gesso de caseína, que se puede diluir algo más que el Gesso de cola. Para aplicar Gesso de caseína a pistola se necesita una pistola bastante potente, pero sigue siendo mejor aplicar la primera capa con un trapo o con los dedos.

Una vez seca completamente la última capa de Gesso se le da a la tabla un acabado perfectamente liso, lijándola con lija fina, para lo cual se pueden utilizar varios tipos de papel de lija. Algunas de las variedades más comunes actúan muy lentamente sobre un Gesso de dureza normal, y otras pueden decolorar el Gesso; el tipo más satisfactorio es el papel de granate, de los grados 4/0 a 6/0. Hay dos variedades, de grano denso y de grano más disperso. El granate parece ser el mejor abrasivo para la madera, Gesso, escayola, etc., y cuando se utiliza en granos finos para lograr un efecto liso, parece tener una acción más fuerte que ningún otro abrasivo, incluyendo los artificiales. Se puede utilizar un tarugo de madera para mantener plana la superficie del papel, pero la mayoría de los pintores lo manejan sólo con la mano, y tradicionalmente se prefiere la ligera irregularidad de la superficie que así se consigue. Cuando se preparan a la vez varias tablas para uso futuro, se puede aplazar el lijado final hasta que se vaya a usar la tabla. El Gesso con texturas artificiales —como las que se producen punteando la capa final con un pincel duro. imprimiendo la trama de una tela sobre la superficie casi seca, o pulverizando con una pistola—, se puede también lijar del mismo modo que el Gesso liso; el resultado será una superficie lo suficientemente lisa para poder pintar con comodidad, pero conservando el efecto textural.

Entre otros abrasivos que se pueden usar para lijar el Gesso están el corindón, un óxido de aluminio natural, el Alundum (alúmina fundida) y el carborundo (carburo de silicio).

Finalmente se frota con una muñequilla húmeda para obtener la perfección marfileña definitiva y eliminar las rayas. Para eso se utiliza una tela de algodón suave y bien lavada, mojada y escurrida, y cuidadosamente doblada; se aplica una presión firme pero no muy fuerte, en movimientos circulares. El trapo debe estar uniformemente húmedo y hay que moverlo continuamente; si se frota demasiado en un punto, se puede desgastar el Gesso, llegando hasta el soporte. El agua disuelve una capa superficial, extendiéndola uniformemente, pero no debe profundizar demasiado en el Gesso. Cuando el Gesso se seca, queda mucho más duro que antes, más resistente a la lija, y a veces menos absorbente; al parecer la cola o la caseína quedan más concentradas en la superficie. Este procedimiento es eficaz cuando se emplea para reducir pequeñas irregularidades. Hay que frotar en círculos pequeños, pero desplazándose continuamente y evitando frotar mucho en un mismo punto. Cuando se haya terminado, se coloca la tabla horizontal, al nivel de los ojos, y se mira la superficie, teniendo directamente delante una fuente de luz. El efecto debe ser un pulimentado brillante, aunque cuando se vea normalmente, la tabla parecerá perfectamente mate.

Si se utiliza para esta operación piedra pómez en polvo fino, el Gesso se pulirá más rápidamente, y parte del polvo de piedra pómez quedará incrustado en la superficie, impartiéndole un cierto grano. Si en lugar de un trapo se utiliza un bloque de piedra pómez con una superficie plana, se obtendrá un acabado liso y marfileño.

Para las operaciones de lijado y bruñido previo del Gesso una vez totalmente seco les recomiendo la utilización de la lijadora orbital PRIO sin cable de la marca BOSCH, empezando con las lijas de mayor grano para acabar en la última capa con la lija del 180.
Este es el método descrito por Mayer en su libro que yo he variado ligeramente según mi experiencia profesional. Es aconsejable la aplicación de 8 capas de Gesso en el caso de la preparación de bases sobre tableros.
También comentarles que no se debe lijar la tabla o el lienzo una vez sellado con el aislante ya que se destruiría precisamente su función.

Un cordial saludo.
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